Por una vez me faltan palabras, cosa extraña en mí.
Siempre soñamos con ir a las Vegas, cuando nosotros la hacíamos cada noche en cada bar.
Siempre soñamos con ser de una fraternidad, cuando ya la teníamos.
Siempre soñamos con ir a Nueva York en traje de chaqueta, cuando ya lo hacíamos en Huelva.
Siempre soñamos con vivir mil y una aventuras a lo loco, cuando ya vivíamos cada noche como si fuera a acabarse el mundo.
Mil y una noches rogándole a la luna que cada noche no se acabara nunca, y brindando por cada paso que dábamos.
¿Y cuantas discusiones entre cerveza y cerveza? Esas cervezas a media tarde que se alargaban hasta la mañana siguiente y nos hacían creernos dueños y señores del mundo, artistas y poetas, a la vez que los más cultos sobre la faz de la tierra. Y en esos momentos lo éramos.
Éramos los más selectos catadores de cerveza del mundo, apuntando en nuestra mente cada sabor, para luego discutirlo el uno con el otro. Aún recuerdo también aquel día que en mi casa a falta de algo mejor bebimos ron malo con Sunny, y para nosotros aquello sabía a gloria, o como tu decías: "Pues, en verdad, está un montón de bueno".
Vimos lo mejor y lo peor de cada uno, siempre ahí cuando hacía falta. Y si había algún problema siempre estaba allí alguno para llevárselo a las famosas "noches para olvidar". Muchas noches de esas pasamos en nuestro querido Facebaar intentando darle un sentido a la vida, que al final acababa siendo siempre risas y más risas.
Una ciudad que no daba mucho más de sí, la convertíamos cada noche con imaginación en un campo de batalla en el que debíamos ganar con honor y dignidad al alba, inventando aparatos y chupitos como armas contra todo lo malo que pudiera pasar. Nunca podré olvidar esa Wendy que montamos para beber cerveza, y como nos lo pasamos mejor inventando que ponerle que usándola.
¿Y los amores? Si algo te distinguía era ese romántico que llevabas dentro, y que supiste contagiarme, siempre enamorado de todo. Todas esas noches hablando de mujeres e intentando comprenderlas, la de horas que pudimos echar sin llegar a ninguna conclusión. Supongo que son difíciles y ya está.
Nuestros repertorios de chistes infinitos, en los que ganaba el más absurdo y corto. Aprendiendo uno del otro para contarlo al pobre iluso que se hubiera escapado de alguno de nuestros piques de chistes, en las famosas noches interminables de la H en Punta.
Nuestras tardes limpiando el Sara y el Polo como si fueran un Ferrari y un Lamborghini dignos de los más altos cuidados y lujos. Y por supuesto los conductores debían ir relucientes también, porque a la hora de la ropa siempre debíamos ir señoriales y elegantes, por lo que "pudiera pasar".
¿Pero que voy a contarte yo a ti? Tu viviste todo esto y más conmigo, fuiste siempre mi mejor "wingman" como tu decías. Tu sabes que siempre brindaré por ti.
Solo puedo decirte realmente una cosa. Gracias. Gracias por todo. Porque sin ti no sería nada de lo que soy ahora, porque no hubiera vivimos la mayoría de los mejores momentos de mi vida. Porque fuiste mi hermano más que mi amigo, porque estuviste siempre ahí. Pero al menos se que nunca más volveré a sentirme solo, porque estés donde estés se que siempre estarás ahí conmigo. Espérame, aún no nos hemos tomado nuestra ultima cerveza juntos.